Las imágenes que llegan de Venezuela nos rompen el alma, pero entre los escombros también surge una luz de esperanza que nos recuerda la fuerza del amor incondicional.
Tras 32 horas de angustia, un bebé de apenas 18 días de nacido fue rescatado con vida, un verdadero milagro que desafió al tiempo. Apenas una hora después, su madre, Dayana Patiño, también fue sacada de los restos de lo que fuera su hogar. Fue el fruto de la fe inquebrantable de su esposo y sus hermanos, quienes nunca bajaron los brazos y se negaron a perder la esperanza.
Esta historia es un abrazo para todos, pero la labor no termina. Rescatistas de diversos países siguen trabajando sin descanso, luchando contra el reloj y el cansancio, con la única misión de encontrar a más personas con vida. Hoy, el mundo entero contiene la respiración, unido en un mismo sentimiento de solidaridad y oración por Venezuela. Que la esperanza siga siendo más fuerte que los escombros.
